Blog de crítica de la cultura y otras balas de fogueo al gusto de Óscar S.

Encuadre: página de "Batman: Year One", Frank Miller y David Mazzucchelli, 1986-7, números 404 a 407 de la serie.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Sobre el famoso documento de "Los Papalagi"

http://www.sisabianovenia.com/LoLeido/Ficcion/Papalagis.htm

Cuando Rousseau leyó en un periódico acerca de la convocatoria del concurso que le permitió escribir contra los avances civilizatorios iba camino de visitar a Diderot en la cárcel de Vicennes, y se dice que cayo en el camino y lloró. Las cosas le iban fatal y de repente vió el cielo abierto. Ya podía, pues se encaminaba a propalar una de las mayores y más queridas mentiras de la filosofía occidental. Que era mentira ya lo había enunciado antes Hume mediante la falacia naturalista: no se puede confundir el ser con el deber ser. O dicho de otra manera: a la modernidad naciente no le era lícito retornar a la ingenuidad del mito hesiodico de la edad dorada. Sin embargo, J.J. ganó el concurso y como consecuencia cambió en gran medida la historia. Qué ocurrió después viene relatado en las charlas de historia "Franklin y Europa", de Jesús Pabón, que recomiendo fervientemente. Pero en su momento, gente como Voltaire estuvo frontalmente en contra. Hay que tomar al hombre por lo que es y no por lo que sueña ser. Nietzsche, que no era un tipo muy recomendable filosóficamente hablando en otros aspectos, diría incluso que el hombre es mejor por lo que es que por lo que cree ser, si es que puedo hablar por él. Sobre la fantasía del "buen salvaje" hasta los americanos han fabricado un millar de películas, y me atrevería a decir que también han llegado a votarle en la figura de Bush. No es extraño, pues, que ese documento sea otra película más montada por un Castaneda apócrifo. El mito tiene una enorme fuerza seductora, qué duda cabe, aunque no resista el menor análisis. Toda una tradición iusnaturalista (precisamente católica) se ha enredado en el problema de que, si hay leyes morales naturales, cómo es que no se cumplen inimterrumpidamente en la conducta del hombre. Puesto que son necesarias, no tendrán excepción. Por cierto que este fue el problema asimismo que convirtió la Academia platónica en escéptica tras la muerte de Platón. En fin, contra todo ello tenemos un alegato poco célebre pero contundente, que se halla al final de La filosofía del tocador de Sade.
El texto creo que se llama "Un esfuerzo más", y trata de mostrar el absurdo de tachar cualquier comportamiento de antinatural, a propósito de acabar con la ética tradicional además de con la política tradicional en la Revolución Francesa. El argumento, si no recuerdo mal, es inexpugnable: nada de lo que puede darse en la naturaleza puede ser calificado de antinatural sin contradicción. El que así lo hace esconde una teología bajo el manto, ya que entiende como natural no el entero el órbe inmanente, sino tan sólo un estrato del mismo que refleja el designio de Dios. O sea, que comprende como antinatural lo que está en contra de la voluntad (racional o no) del Altísimo, el cual se halla fuera de la naturaleza. Lo bueno es que esto sucede continuamente en filosofía. Si las acciones de los hombres o de los pueblos nos parecen crueles o dementes las adjetivamos como inhumanas o monstruosas. Sin embargo, no se entiende porque iban a ser menos humanas que las rectas o buenas a no ser que creamos en una legislación sobrenatural que las prohibe. En contra de Platón, la esencia humana no se expresa más o menos en diferentes individuos, sino que se cumple íntegramente tanto en el jorobado como en el cachas, en el altruista como en el tirano. O por lo menos eso es lo que enseña la pura experiencia libre de juicios de valor. Los relatos de "antropología inversa", como éste, son necesariamente platónicos, puesto que comparan nuestro modo de vida con la Idea del Hombre que se encarna en la cultura observadora, sean los persas de Montesquieu, los marroquís de Cadalso o el extraterrestre de Mendoza, Gurb -y entre los cuales en la realidad habría jefes, cabecillas y abusones, en términos del ensayito de Marvin Harris. Y, claro, eso no tiene nada de "inverso": los platónicos somos nosotros mismos. Ni tampoco de "antropológico", me atrevería a decir, puesto que se juzga también un entorno tecnológico, ecológico, histórico, etc., que es lo que hace a cada hombre ser lo que es, no siendo posible aislar este último factor de sus condicionantes. Lo que sí que es verdaderamente antropológico, pienso yo, es el experimento del encuentro mismo que representa el documento en cuestión, sea real o muñido. Que una cultura se tope con otra y trate de traducirla a sus parámetros: ahí tenemos una acción exclusivamente humana. Pero como dijo Spinoza al comienzo de su Tratado Político, una ética y una política que no consideren al hombre tal como es, sino que establezcan a priori cómo querríamos que fuese, no son una ética ni una política propiamente, sino una sátira disimulada. Esa es, pues, mi conclusión, la de que quién lee Los Papalagi está leyendo una sátira, no importa quién sea su autor. En comparación, la mierda de escritos de Sade son mucho más científicos, sin duda, puesto que informan sin deformar. Otro tema es cómo se hacen una ética y una política a posteriori, es decir, sin falsear los datos iniciales, e.d., sabiendo que una mala bestia como Pinochet también es una posibilidad real de hombre y que EEUU es una organización tan representativa de nuestra especie como la Cuba revolucionaria. ¡Aaaaah! Pero ya me he divertido bastante por hoy, y vosotros aburrido. Una curiosidad más: es muy posible que el mito del "buen salvaje" naciese sencillamente del hecho de que los primeros navegantes al Pacífico se encontrasen libres de follarse a todas las nativas sin apenas oposición y todavía menos cargo de conciencia, puesto que no eran cristianas. Pero, naturalmente, esto no lo escribían en sus crónicas, que se dirigian a nobles y píos protectores. Y el atormentado Rousseau, un señorito de ciudad al fin y al cabo, sin enterarse.

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