Blog de crítica de la cultura y otras balas de fogueo al gusto de Óscar S.

Encuadre: página de "Batman: Year One", Frank Miller y David Mazzucchelli, 1986-7, números 404 a 407 de la serie.

viernes, 6 de agosto de 2010

Y, todavía, Robert Crumb

http://esrarodorarse.wordpress.com/2008/09/25/documental-sobre-robert-crumb/

Un compañero bloguero ofrece en la anterior dirección la película completa producida por David Lynch y dirigida por un amigo del dibujante sobre la familia del mismo y sus rarezas, que son de aupa. A mí personalmente me recuerda mucho a El desencanto de Chavarri, modulación norteamericana, habida cuenta de que ninguna de ambas son santo de mi devoción. Porque lo que queda claro de esta es que Crumb debe su éxito a los años psicodélicos de los que reniega, y, si se ha visto además American Splendor, que ni siquiera el underground fue inspiración suya. Por eso, probablemente, sus historietas, cuando las hay, son tan malas. Pero no hay problema: una experta en pornografía nos asegura que Bob la tiene tan grande como él se la atribuye gráficamente. Un alivio...

jueves, 5 de agosto de 2010

Hablando del Noveno Arte...


OBITUARIO
Harvey Pekar, el guionista del hombre corriente, BARBARA CELIS 14/07/2010

En los noventa Pekar había superado un cáncer linfático, una enfermedad que también llevó al cómic en 1994 bajo el título Our cancer year y por la que fue premiado con el Harvey Award, uno de los premios más importantes del gremio de la viñeta. No obstante, en los últimos años también se le había diagnosticado un cáncer de próstata. La causa de su muerte aún no se ha hecho pública.Pocas veces la depresión, las frustraciones personales y las miserias de la vida diaria han conseguido calar tan hondo en el mundo de la viñeta como a través de las palabras de Harvey Pekar. Este guionista de cómics, que fue venerado silenciosamente durante décadas en el mundo del tebeo underground hasta que el cine lo convirtió en celebridad cuando su serie American splendor se convirtió en película en 2003, falleció ayer a los 70 años en Cleveland (Ohio), la misma ciudad que sirvió de trasfondo a sus relatos.
Pekar, que subrayó con ironía su propio carácter hosco, gruñón y obsesivo-compulsivo en la serie autobiográfica American splendor, nació en Cleveland (Ohio) el 8 de octubre de 1939. En esa misma urbe fue concebido el héroe del cómic por antonomasia, Superman, la antítesis de ese antihéroe encarnado por el propio Pekar en sus tebeos, que nacieron gracias al encuentro con Robert Crumb.
La melomanía de Pekar le llevó a entablar amistad en la década de los sesenta con aquel dibujante revolucionario, cuando ambos coincidieron en una tienda de discos de jazz. Pekar, que tenía un trabajo ordinario de oficinista en un hospital de veteranos de guerra, convencido de que el cómic tenía potencial más allá de las historias de superhéroes, le pidió a Crumb que le ayudara a arrancar una serie basada en su vida de hombre común y en sus reflexiones cotidianas.
Nacía así American splendor, cuya última entrega se publicó en septiembre de 2008 y en la que han colaborado algunos de los mejores artistas del cómic de las últimas cuatro décadas, desde Joe Sacco a Drew Friedman.
Aunque la serie se convirtió rápidamente en objeto de culto entre los entendidos del gremio, tuvo que llegar el cine para convertir al antihéroe Pekar en una celebridad internacional. Los cineastas Robert Pulcini y Shari Springer Bergman adaptaronAmerican splendor en un filme homónimo que cosechó múltiples premios y cuyo guión, co-firmado por Pekar, fue candidato al Oscar.
Paul Giamatti fue el encargado de dar vida a Pekar en la pantalla, en uno de sus papeles más alabados. Pekar, quien en declaraciones a este diario tras el estreno aseguró: "lo mejor que sé hacer es escribir sobre mí", decidió convertir en cómic esa extraña experiencia de hacerse mundialmente célebre. El tebeo American splendor: our movie year fue la crónica de aquel peculiar viaje de ida y vuelta hacia la fama.

Harvey Pekar
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Harvey Pekar, en 1986, con uno de sus cómics American splendor.- AP

miércoles, 4 de agosto de 2010

¡No more Miller!

Harry el Sucio contra Al Qaeda, ÁLVARO PONS - Valencia - 03/08/2010

En los comic-books de los años cuarenta, Superman y el Capitán América pateaban literalmente a Hitler. Los grandes héroes de las editoriales DC y Marvel lucharon codo a codo con los aliados contra los nazis, pero parece que Batman se quedó en casa esperando un mejor momento. Una ocasión que, para el dibujante Frank Miller, llegó tras el 11-S.
En la WonderCon de San Francisco de 2006 (convención anual de cómics y ciencia-ficción), el que en su día revolucionara el concepto del hombre murciélago con Batman: The Dark Knight Returns -y, de paso, todo el concepto de superhéroe, al abrir una nueva etapa del género-, anunciaba que el personaje tendría su oportunidad con la nueva novela gráfica que estaba preparando. Holy Terror Batman! enfrentaría al emblemático personaje contra el terrorismo de Al Qaeda para "recordar a la gente que lo ha olvidado contra quien nos enfrentamos".
Un arriesgado planteamiento que no arredraba al creador de Sin City, habituado a que la controversia acompañe sus obras, como la que generó la versión de Batman que firmó junto al dibujante Jim Lee, All Star Batman and Robin. Hiperbólica en su concepción de la violencia hasta la parodia, no ha sido bien aceptada por sus seguidores.
En la reciente ComicCon de San Diego (la mayor convención del mundo del cómic), Miller recupera aquel proyecto de hace cuatro años, con importantes cambios: "Llevé a Batman tan lejos como podía, pero dejaba de ser Batman. He decidido que no sea una historia de Batman. Está mucho más próximo a Harry el Sucio. Es un héroe que lucha contra Al Qaeda". Para el autor, el nuevo personaje que ha creado, The Fixer, "es muy diferente a Batman, no es un alma torturada, es un tipo más equilibrado, aunque tenga que disparar a cien personas en el curso de la historia". Un personaje que deja total libertad a Miller para entrar de nuevo en sus obsesiones temáticas: el héroe y su función como elemento catalizador de una moralidad colectiva, siempre desde una perspectiva muy particular, con ideas y opiniones más allá de la corrección política que, con seguridad, darán lugar a las más encendidas polémicas.

La verdad del soldado Manning, envíado por Miguel G. de Cartas al director de El País

BRIAN ENGQUIST - Madrid - 04/08/2010

Encuentro enormemente preocupante la fidelidad con que la mayoría de los medios de comunicación están difundiendo la narrativa del Pentágono y la Casa Blanca con relación al caso de Bradley Manning, el soldado que filtró documentos sobre la guerra de Afganistán a Wikileaks. Me gustaría comentar dos aspectos de esta narrativa poco cuestionados.
El primero es el retrato de Manning como un soldado tan deseoso de la fama que le importaban poco las consecuencias de sus actos y, relacionado con esto, el papel "patriótico" que jugó Adrian Lamo, el hacker que delató a Manning después de que este, según la historia de Lamo, se puso en contacto con él para buscar "respeto y aprobación". Sin embargo, si hay un personaje con motivos cuestionables en este asunto, sería el mismo Lamo, quien tiene una larga historia de buscar notoriedad por sí mismo como hacker. Además, a pesar de decir una y otra vez que nunca ha trabajado con autoridades federales, recientemente Lamo ha sido relacionado con Project Vigilant, una organización privada altamente secreta que capta información electrónica a través de la Red y la comparte con agencias federales.
El segundo es la historia casi universalmente aceptada de que los actos de Manning y Wikileaks han puesto en peligro tanto a afganos como a soldados estadounidenses. Esto es totalmente contradictorio con la opinión oficial de la Casa Blanca de que las filtraciones no representan "nada nuevo". Si fuera realmente así, ¿por qué serían un peligro?
Como estadounidense estoy profundamente orgulloso de los actos valientes de Manning, un individuo que se sacrificó para ofrecernos la verdad sobre la guerra inútil que luchan en nuestros nombres. Como Daniel Ellsberg en Los papeles del Pentágono, de la era de Vietnam, espero que algún día Manning sea aceptado como el héroe que es.

Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar, traducción de Julio Cortázar, Edhasa

¿Una de romanos? No en el sentido crisitanizante de Sienkiewicz, pero tampoco en el pagano erudito de Graves. Apenas poco más de doscientas páginas que cuesta tumbar; densas, espesas, como cruzar un río de leche merengada. Centrado en un personaje singular (a saber en quién estaría pensando Yourcenar durante la segunda guerra mundial, sea como analogía o como antítesis) de máximo rango en todos los aspectos de su rebosante vida -un hombre del Renacimiento avant la lettre-, ni resulta tan romántico como el Alejandro de la Renault, ni tampoco tan clásico como lo pretende la autora, pese a los númerosos y formidables pasajes consagrados al espíritu griego. Algunos guiños hacia nuestro presente quieren hacer de él "un hombre para la eternidad", pero de este mundo, no como en la película sobre la vida de Tomás Moro. Hay que ponerse, hay que terminarlo y hay que olvidarse de lo que me han contado después, y que apunto para la reflexión fugaz de cada uno: resulta que, por lo visto, Felipe González decretolo como su libro favorito, lo cual hizo que se vendiera como rosquillas cuando llegó a España veinticinco años después de su publicación. Pregunta inevitable... ¡¡¿Creéis que se vería a sí mismo así, incluso tan solo como ideal?!!

martes, 3 de agosto de 2010

La manga riega...

Gato de Cata

Cuando nos pusimos de acuerdo mi amigüitos Sergio y Eva, sus coleqüitas y nosotros en recoger los trastos domingueros de la playa de Cabo de Gata se ocultaba el sol justo al mismo tiempo que se encendía la luna por el lado opuesto del azul, como intercambiando sus intensidades con un interruptor graduado. Ambos astros estaban, además, en fase llena, como en una postal panorámica, y eran perfectamente visibles simultáneamente desde el chiringuito de madera barnizada que acogía a la beautiful people del músculo local. Fue una tarde perfecta de laxitud y bebés ora caminantes ora cariñosos. Tanto es así que el antipático no necesitó hacer de las suyas. Festejemos esas horas de en boca cerrada no entran moscas. 

¿No estamos en algún aniversario de Miguel Hernández? Ahí va nuestro favorito...

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida (...)

lunes, 2 de agosto de 2010

EL pacifista, en El País

TONI GARCÍA 30/07/2010

Cuando el 6 de agosto de 1945 el Enola Gay desató el infierno en Hiroshima por órdenes del presidente Truman, aún no existían los aviones inteligentes. Es posible (muy posible) que sigan sin existir, pero como mínimo el hombre puede haber encontrado la coartada que aniquile el último de los grandes males de la humanidad: la culpa.
En 1945, cuando uno quería lanzar una bomba en algún sitio no le quedaba más remedio que ordenar a un piloto que la trasladara hasta el lugar en cuestión, y que hiciera lo posible para volver a salvo. Cualquier otra indicación, incluyendo el sufrimiento del enemigo, carecía de consideración alguna. En cierto modo, el efecto colateral era inevitable, pero no preocupante: matar en nombre de la causa adecuada era un acto de fe.
A Claude Eatherly se le encargó la misión más importante de la historia. El comandante debía volar hasta Hiroshima y descargar allí el arma más letal de todos los tiempos. Eatherly cumplió con su cometido sin protestar, aunque su lanzamiento no fue perfecto: la bomba atómica cayó en pleno centro de la ciudad en lugar de en el puente donde debía impactar.
Naturalmente, cuando volvieron a casa, el militar tejano y su tripulación fueron tratados como héroes, pero mientras sus compañeros aceptaban medallas y homenajes por doquier, Eatherly se encerró en sí mismo y dejó que los remordimientos se dieran un banquete en su interior. Cinco años después, en 1950, el estadounidense intentó suicidarse, pero fracasó. Aquel suceso le empujó a la radicalidad de una conducta cercana al delirio que incluyó atracos a bancos y todo tipo de actividades poco recomendables, aunque sorprendentemente inocuas.
Por ello fue juzgado, declarado culpable y en cierto modo indultado por sus méritos en combate. Como recompensa le internaron en un hospital militar para enfermos mentales, de donde fue entrando y saliendo hasta que el Ejército comprendió que el ansia pacifista de aquel hombre, empeñado en compensar de algún modo sus errores (la totalidad del botín de sus golpes fue enviado por el propio Eatherly a una asociación de niños huérfanos de Hiroshima), no tenía freno, decidieron encerrarle allí, declararle incompetente y tirar la llave lo más lejos posible.
En 1959 su caso, el del "piloto loco de Hiroshima" llamó la atención del filósofo alemán Günther Anders, que decidió empezar una particular correspondencia con Eatherly. El resultado de su intercambio, recogido en el libro El piloto de Hiroshima. Más allá de los límites de la conciencia, es descorazonador. En el mismo puede apreciarse que el único chiflado de esta historia es el tipo que confundió culpa con locura y juzgó al militar con la crueldad que debe mostrarse con aquellos que dudan de la integridad del sistema, que cuestionan sus tripas, su coherencia, su legitimidad.
Probablemente Claude Eatherly, en su ingenuidad, asustó a los que creen que todo está justificado. Ahora ya no tenemos esos problemas, todo el mundo es inocente aunque se demuestre lo contrario, nada es culpa de nadie. Al negar que seamos responsables de nuestros actos (ya sea en tiempos de paz o de guerra) destruimos la posibilidad de sentir el peso de la culpa, que como bien saben los que mandan, es el único enemigo real. A eso -y no a otra cosa- deben referirse cuando hablan de progreso.

En un lugar de La Mancha...