En el plano de las imágenes, el bagaje del votante de la derecha democristiana tradicional del Estado nacional o pelaje que fuere reside en la defensa de lo que él entiende que es la verdad desnuda, dejando para el otro polo supuestamente rival el basurero del sentimiento, en el sentido de que sólo unos desharrapados soñadores podrían querer resistirse al imperio de los hechos indiscutibles. Así, Rajoy puede apelar una y otra vez cachazudamente al "sentido común", en la confianza de que todos sus electores comparten la idea que el hombre es un ser egoista, acomodaticio y en último término depredador de su entorno natural y humano (lo cual, en el subsuelo del catolicismo inveterado de esta mierda de país nuestro significa que algunos funcionan como Reyes de la Creación únicamente por debajo de Dios mismo, que permanece obstinadamente callado).
Por su parte, el patrimonio imaginario del votante de la izquierda socialdemócrata tradicional del Estado que sea y de toda laya consiste en la defensa de la ética teórica, dejando para el otro polo supuestamente rival la herencia de la maldad del interés de clase, en el sentido de que sólo unos facciosos ansiosos de privilegios podrían negar la injusticia de la desigualdad. Así, Carrillo, por ejemplo, fue un tio de puta madre que al que no le tembló la mano en cometer crimenes cuando tocaba para después pacificar el partido cuando tocaba, siempre en aras de un bien mayor para toda la comunidad (en realidad, el catolicismo bien podría ser y de hecho ha sido de izquierdas, pero pocas veces en estas casticistas tierras, y tres cuartos de lo mismo respecto del ecologismo, una connivencia más bien de fabricación alemana...)
Rita dice, creo que con razón, que a la carcundia de derechas lo que le estorba es su mala imagen. Teniendo como tengo la razón, cómo es que aparezco como un monstruo. La envidia hacia el bello progre se hace por tanto inevitable, y la rabia se redobla. Pero también sucede en cierto modo al revés: al progrerío de izquierdas igualmente le estorba su imagen. Teniendo como tengo por mira la justicia, cómo es que aparezco como un iluso. La indignación hacia el arrogante liberal se hace inevitable, y la desesperación se redobla. A todo esto, recuérdese que hablabamos de imágenes, no de realidades. En la realidad, reunión de pastores oveja muerta. O sea, ni de la Verdad derechona se desprende ética alguna, ni de la Ética jacobina se desprende verdad alguna, de manera que el bipartidismo se reparte el pastel a nuestra expensas en exclusiva atención al beneficio de los muchos corruptos que lo comandan, la ciudadanía hecha un lío y aquí paz y después nada.