Blog de crítica de la cultura y otras balas de fogueo al gusto de Óscar S.

Encuadre: página de "Batman: Year One", Frank Miller y David Mazzucchelli, 1986-7, números 404 a 407 de la serie.

lunes, 28 de diciembre de 2009

El capitalismo es monigotes de papel -casi Mao

Todo el proceloso año es día de los inocentes para las fábricas y tiendas de juguetes. La broma, por emplear un eufemismo, recae sobre los niños y también sobre los padres. Mayoritariamente, esos vistosos juguetes anunciados en la tele no son más que un espejismo en el desierto. Cuando por fin los alcanzas previo pago, se desvanecen entre las manos mostrando su inanidad. Y el desierto... el desierto es la realidad cotidiana del niño, que consiste en puro y duro aburrimiento. Esa es su ontología fundamental, que en tiempos de nuestros padres se transformaba mágicamente en hostias propinadas por los abuelos o por los curas en cuanto trataban de zafarse un poco. Hoy, en cambio, la magia se ha travestido en demanda tecnológica, lo cual es mucho menos doloroso, sin duda, pero tampoco sojuzga al invencible aburrimiento, sino que lo pone en primer plano. El sentimiento es algo así como: el cacharro ya lo hace todo por tí, de manera que muy tonto tienes que ser para no disfrutarlo. Quizá sólo las videoconsolas consigan verdaderamente que el niño no encuentre más placer en romper el juguete que en sacarle un partido que no tiene. Pero son como los gansters de El Padrino, que primero te pegan un tiro y luego te llevan al hospital, o sea: papá te compra la videoconsola, pero luego te limita su uso o lo hace depender de tus virtudes. De modo que el aburrimiento persiste amenazante como una espada de Damocles sobre el niño, cosa que las empresas jugueteras aprovechan para tomar el pelo a los consumidores más que nunca en estas entrañables fechas (lo del "valor educativo" del chisme, por cierto, es ya bien sabido que es pura promoción, como se ha puesto de manifiesto recientemente  con la trifulca del Baby Einstein).

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