Blog de crítica de la cultura y otras balas de fogueo al gusto de Óscar S.

Encuadre: página de "Batman: Year One", Frank Miller y David Mazzucchelli, 1986-7, números 404 a 407 de la serie.

martes, 29 de diciembre de 2009

Utopías, Alberto de Frutos, editorial Cydonia

El lector de estos relatos debe saber antes de nada algo importante: que el autor de sus páginas es un poeta. Despúes, ya averiguará que tal cosa no exime a Alberto de Frutos de poseer una mente arquitectónica. En efecto, humildemente yo ya le hice notar (desde la posada asimismo del lector, nunca desde la atalaya del crítico) que cada uno de ellos podría dar lugar a un extenso desarrollo posible que otros aprovecharían para intentar lucrarse en un formato de novela. Pero Alberto es un poeta, como digo, y cuando nos regale una novela, ésta no podrá ser más que el resultado de una intución lírica que necesite dilatarse en espacio y tiempo para ser expresada. En ello reside una característica inusual hoy que, para mí, que sólo soy un curioso de las letras y no un poeta, sólo tiene parangón en la fantasía de otro soñador de la brevedad: aquel alemán que a fines del siglo XVIII se hizo llamar Novalis. Él también era un poeta, y en su corta vida también dejo apuntes de relatos posibles que nadie podría continuar en su lugar. En una ocasión recordaba uno de esos esbozos en una carta a Manuel, el novio espiritual (no se me malentienda) de nuestro autor -y a quién, en primer lugar, están dedicados estos cuentos. En él, Novalis conjetura que el paraiso, si alguna vez existió, no pudo ser destruído completamente por la ira de Dios como si, digamos, pudiese ser borrada con lejía numinosa una mancha sobre el tejido de la tierra. No: el paraiso era también una arquitectura sutil, delicada y preciosa, y a lo más que se atrevió Dios fue a desperdigarla por el planeta en fragmentos, de manera que todavía pueden encontrarse por aquí y por allá esquirlas del jardín primigenio. Detectarlas en mitad del caos de la suciedad metropolitana reinante e identificarlas como tales está reservado únicamente a aquellos poetas necesariamente solitarios que conserven la inocencia en su mirada. Bueno, en realidad eso ya lo digo yo, como afirmo -y pienso- que Alberto de Frutos ha depositado en estas "Utopías" no poco de esos vislumbres del paraiso que él tiene y que devuelven, pese al Jefe Supremo, la vieja nobleza que corresponde al término que les da título. No obstante, nada hay de viejo en estas imaginaciones. El hecho de que se respiren ambientadas en un "futuro incierto" lo prueba, aunque aquí la ciencia-ficción no sea más que un pretexto para experimentar la poesía como perdida (de lo que alguna vez fuimos) a la vez que como recuperación (de lo que eternamente somos). En lo que tienen de arquitectónico, el futurismo de Alberto configura el escenario movil de una sorpresa bien organizada, y en lo que tiene de pesadilla, describe un mañana que a su vez no tiene un mañana propio. Por lo demás, yo personalmente me tomo el título (que se diría irónico) totalmente en serio, y espero que las visiones de Alberto se cumplan tanto en la realidad como en la ficción.
Mi utopía particular consiste en que sigan teniendo siempre un mañana y que, mientras, le sean recompensados prodigamente por el camino -más, por qué no, que al pobre Novalis. (Jódete, Alberto).

http://www.primeraspaginas.com/libro.asp?lib=586

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