Blog de crítica de la cultura y otras balas de fogueo al gusto de Óscar S.

Encuadre: página de "Batman: Year One", Frank Miller y David Mazzucchelli, 1986-7, números 404 a 407 de la serie.

miércoles, 28 de julio de 2010

Actualidad del trueque, por Rita L.


Aunque a algunos pudiese resultarles extraño, muchos siglos después de que el sistema de trueque haya sido mayoritariamente abandonado nos encontramos cada vez más y más con organizaciones y comunidades que están tratando de impulsar su recuperación… ¿Por qué?
Pues tal vez sea porque el trueque ha vuelto a demostrar recientemente su fortaleza para resolver problemas de subsistencia en economías profundamente derrumbadas como ha sido el caso, por ejemplo, de la Argentina de la hiperinflación y el paro generalizado. Pero incluso en situaciones y sociedades muy distintas, como lo es la nuestra, en el que el trueque no es un necesidad sino un opción adoptada voluntariamente, el desarrollo de este hábito podría ayudarnos a adoptar una actitud más racional ante la adquisición de objetos a la vez que una emancipación de ciertas inercias y rémoras psicológicas a las que todos queramos o no estamos atados por el simple hecho de participar en los mecanismos convencionales del mercado.
De ahí que la crítica más recurrente a la sociedad de consumo suela incidir, básicamente, en la avaricia que se presupone en el afán por la adquisición de objetos nuevos, de manera que, en la polémica entre sus partidarios y sus detractores, parece que uno tiene que posicionarse o bien entre los que sucumben a las tentaciones de los bellos objetos y construyen su vida en torno a la necesidad de ganar dinero para poder invertirlo inmediatamente en el saco sin fondo de sus adquisiciones, o bien, por el contrario, entre aquellos que renuncian ascéticamente a todos sus embelecos y para ello deciden retirarse de gran parte de las parcelas del mundo además de empeñarse en el arduo esfuerzo de mantenerse fieles a sus principios.
Una de los mejores aspectos del sistema de trueque es que nos permite situarnos al margen de estas dos opciones igualmente radicales. El trueque no criminaliza el gusto por la obtención de objetos, porque su alternativa al sistema conseutudinario de consumo pone el énfasis en otro lado:
Mientras que en el modelo de consumo habitual la pregunta es "¿qué puedo adquirir?", en el modelo del trueque a esta pregunta perfectamente legítima y básica ha de añadírsele otra igualmente necesaria: "¿y yo, qué puedo ofrecer?" Puede que parezca poca cosa, pero  la presencia de la segunda pregunta representa un enorme cambio de perspectiva en la relación de las personas con sus pertenencias o las de los demás.
Para empezar, implica un compromiso de cuidar los objetos e incluso de repararlos para que puedan servir a otros cuando nosotros ya no los necesitemos por una razón u otra. Implica igualmente renunciar a la economía del “chollo” y al hacer caso a nuestras madres cuando nos sermoneaban acerca de que “lo barato es caro”. Indirectamente, implica por último renunciar a la compra de objetos de usar y tirar, que frecuentemente están asociados a condiciones de producción opresoras de los trabajadores, lo cual significa sin duda abogar por un mundo más justo.
Asimismo, el trueque trabaja sobre la dificultad de desprendernos de lo propio, y sobre el egoísmo de las posesiones, clave básica del capitalismo. Liberarnos de esa tendencia a la posesión de objetos que diariamente ignoramos en la espera de la ocasión propicia para usarlos, y aceptar que la posesión de algo implica su atención y su cuidado, abrirá probablemente nuestras mentes a planteamientos políticos de mayor distribución de la riqueza, e incluso podría  ayudar a muchos en el manejo de sus relaciones sentimentales.
Intercambiar un objeto por otro en lugar de hacerlo por dinero supone sobre todo una concepción más real del esfuerzo que está detrás de la obtención del dinero, y por tanto una concepción más aproximada a la realidad en términos de justicia social. Para la educación de los niños este trabajo es esencial, puesto que para ellos el dinero que gastan sus padres no está asociado a la realización de un esfuerzo, mientras que el desprendimiento de uno de sus juguetes, por ejemplo, sí lo está. A muchos adultos de altos sueldos también puede enseñarles algo...
En resumidas cuentas, tomarse el esfuerzo de pensar qué puedo ofrecer implica un desarrollo de la generosidad y de la implicación en un grupo. No debemos olvidar que existe una forma de trueque que todas las sociedades han mantenido vigente por su capacidad cohesionadora: se trata del intercambio de regalos.
Y, después de todo, no debemos menospreciar el aspecto más práctico, evidente y atractivo de todo el asunto: no hace falta necesariamente dinero para renovar nuestro vestuario, nuestra biblioteca o la decoración de nuestra casa: lo único que hace falta es un poco de inteligencia por nuestra parte.

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