Blog de crítica de la cultura y otras balas de fogueo al gusto de Óscar S.

Encuadre: página de "Batman: Year One", Frank Miller y David Mazzucchelli, 1986-7, números 404 a 407 de la serie.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Ascetismo ateo

Se cuenta que la heroína volvió en grandes cantidades a Occidente cuando la CIA necesitó neutralizar a los  "panteras negras", que, como policía espontánea de los barrios negros, amenazaba con autogestionar la seguridad de las zonas marginales dejando a un lado a la policía oficial. El ardid de conseguir que los "panteras..." se destruyesen a sí mismos impunemente a base de chutes a punto estuvo de funcionar, pero estaban tan bien organizados que advirtieron la jugada y fueron capaces de rechazar el cargamento a tiempo. De allí, en consecuencia, se dispersó al resto del país, hasta hoy, que sigue sirviendo para que el lúmpen se autosuprima sin cargo legal aparente de responsabilidad hacia los gobiernos. Táctica tan inteligente como perversa, no hace falta decirlo. Pero, previsiblemente, incontrolable, puesto que las drogas heroicas no sólo son consumidas por los pobres, y de cuando en cuando el cachorro de una familia rica cae, por no hablar de músicos, actores e incluso los propios políticos en un curioso giro del efecto boomerang 
¿Y cual es la naturaleza intrínseca de heroína, cocaína, base, crack, etc.? Pues, como señaló hace años Agustín García Calvo, que producen subidones vacíos, éxtasis nihilistas, sin rastro alguno de visiones, armonías, pesadillas u otras experiencias de viaje o autoconocimiento. El yonki termina por abandonar familia, amigos, trabajo, aficiones e incluso aspecto físico para convertirse en un zombi de la miseria, todos iguales (roncos, sin dientes, etc.) y todos en persecución de un único afán. Es una forma de ascetismo porque el yonki ya no come, ya no se asea, ya no se viste y ya no se relaciona, como el estilita en lo alto de su columna o el ermitaño en su cueva. Sólo que aquí Dios se siente rezándole al camello, y efectivamente la divinidad es nada, pero una nada altísima, suprema, hecha de negación del cuerpo y lo mundano y no muy diferente de la muerte. Como decía Marx, cuando la historia se repite lo hace primero en forma de tragedia y luego en forma de parodia. El opio como religión del pueblo tampoco parece buena idea.

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