Blog de crítica de la cultura y otras balas de fogueo al gusto de Óscar S.

Encuadre: página de "Batman: Year One", Frank Miller y David Mazzucchelli, 1986-7, números 404 a 407 de la serie.

viernes, 22 de octubre de 2010

Belén Esteban como bicho viviente

Hablando de educación, el otro día recibí un correo de esos en los que alguién ha volcado sus sacrosantas elucubraciones para concienciar a la peña, pero cuyo absurdo contenido no tardé en decidir no reenviar ni a Perry sin pensármelo dos veces. Se trataba de una profesora de historia muy indignada con una salida de tono de la Belén Esteban -adjuntaba dirección web, por esa curiosa maniobra de denunciar algo difundiéndolo-, en que la famosa interfecta expresaba su desinterés por la revolución industrial, ya que ella no había estado allí y por tanto la afectaba cero patatero, ¿sabes?, o algo así (a decir verdad, no ví el video por falta de tiempo, no de ganas). La profesora, claro, rodeaba la escena del crimen con sus observaciones acerca de lo mucho que ya de por sí cuesta que los chicos estudien esas materias que tanto amamos, como para que venga esa petarda a darles la razón. Bueno, lo decía más educadamente, y en tono de elegía. Pero igualmente incurría en una extraña contradicción, puesto que resulta difícil engañarse acerca de que los grandes personajes de la historia que ella enseña se parecían más a la princess of the people de marras que a ella misma, al menos en un punto: aquel en que se hace evidente que esos tipos hacían la historia, no la escribían, salvo contadas excepciones. Por tanto, actuaban en pro de sus propios intereses, no en aras del vigor de la cultura. Dile tú, por ejemplo, a Federico Barbarroja que suelte la espada y aprenda griego clásico; pues bien: la espada de la Estebán es su programilla basura, qué duda cabe. Lo que quiero decir, en fin y para terminar, es que la gente culta esconde una ignorancia fruto de una falta de perspectiva imperdonable. Y que la Estebán no es peor que, yo qué sé, Cayetana Guillén Cuervo porque la segunda charle de cine y la primera de su hija. Ambas cobran un pastón por dar una imágen más o menos seductora en las pantallas, y me temo que la nobleza baturra de la belencita va ganando con ventaja todas las partidas.

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